Polvo.
Entre las hojas de un libro viejo hay polvo.
En las ventanas de aquellas casas solas,
en sus muebles, en sus retratos,
y en los peldaños de la escalera,
también hay polvo.
En el cansancio de una ilusión hay polvo.
En las caricias no correspondidas,
en las sonrisas ignoradas
y en las miradas rotas,
también hay polvo.
Sobre los ataúdes de mi pueblo hay polvo.
en las flores marchitas que aguardan la vida,
en las cuerdas de una guitarra que se escucha lejana
y en las lágrimas que buscan consuelo,
también hay polvo.
En la agonía hay polvo.
En los brazos abiertos de quien se queda esperando a alguien,
Y en los recuerdos, en las promesas,
en las despedidas, en el ayer.
Sí, ahí también hay polvo.
“He leído muchos libros, pero me he olvidado de la mayoría. Pero entonces, ¿cuál es el propósito de la lectura? " Esta fue la pregunta que un alumno le hizo una vez a su Maestro. El Maestro no respondió en ese momento. Sin embargo, después de unos días, mientras él y el joven alumno estaban sentados cerca de un río, dijo que tenía sed y le pidió al niño que le trajera un poco de agua con un colador viejo y sucio que había en el suelo. El alumno se sobresaltó, porque sabía que era un pedido sin lógica. Sin embargo, no pudo contradecir a su Maestro y, habiendo tomado el cedazo, comenzó a realizar esta absurda tarea. Cada vez que sumergía el colador en el río para traer un poco de agua para llevar a su Maestro, ni siquiera podía dar un paso hacia él, ya que no quedaba ni una gota en el colador. Lo intentó y lo intentó decenas de veces pero, por mucho que trató de correr más rápido desde la orilla hasta su Maestro, el agua siguió pasando por todos los agujeros del tamiz y se perd...

Muy hermoso!!!!
ResponderEliminarGracias por compartir mi poema, maestra.
ResponderEliminarESTUPENDO
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